Religión


religion Estamos terminando la primera década del siglo XXI. Más de un autor de ciencia ficción vaticino que para estas fechas la humanidad habría perdido la fe. Nada más lejano a la realidad y no sabemos si es bueno o es malo.

Yo personalmente creo que no es malo, siempre que la fe no intente mover montañas.

Es decir, cuando un creyente (de cualquier religión) antepone su Dios a su prójimo, algo falla en esa fe o en ese creyente; y eso es malo.

Cuando un creyente no es capaz de asimilar que muchos otros millones de seres humanos no comparten sus creencias y no por eso son sus enemigos, algo falla en esa fe o en ese creyente; y eso es malo.

Cuando un creyente justifica cualquier acción amparándose en recompensas futuras otorgadas por su Dios, algo falla en esa fe o en ese creyente; y eso es malo.

Y esta reflexión viene al hilo de tres noticias que han salido a los medios en estos últimos días :

  • El científico Stephen Hawking asegura que Dios no existe. (y los que creen que si, lo abuchean)
  • Un pastor norteamericano amenaza con quemar coranes como reivindicación contra el islam
  • El ministerio del Interior español estudia expulsar a dos imanes salafistas que fomentan la yihad y el machismo

Lo de Hawking no tiene mayor importancia. Es la eterna polémica entre el mundo científico y el religioso. Seguirá siendo estéril porque la existencia de Dios no podrá ser nunca demostrada científicamente, por lo que sigue siendo una cuestión de fe, y como tal se sale del ámbito de la ciencia. El hecho de que los científicos intenten entrar en esta disputa no hará mas que avivar la fe de los creyentes.

La noticia del pastor americano, que me niego a nombrar, es un ejemplo de lo que los medios de comunicación hacen hoy en día. Este señor de Florida, no tiene más de medio centenar de feligreses, y si hubiese quemado los coranes en el patio de su casa, el hecho no hubiese tenido más transcendencia internacional que el resultado de partido de beisbol celebrado en su ciudad entre los niños de la escuela primaria.

De cualquier forma, no está de más el reflexionar acerca de las consecuencias de las acciones. Un integrista quema una bandera de USA en Afganistán y todo el mundo se hecha a temblar o a intentar justificar la acción. Sin embargo, un pastor “amenaza” con quemar coranes y todos lo vemos como a un loco y peligroso nazi, agitador de masas que debemos detener a toda costa. La distinta forma de enfocar los hechos es significativa.

Por último, lo de los imanes tiene su gracia. Ya va siendo hora de que en este país tengamos claro de que las leyes y las normas las deben cumplir todos sus habitantes, y que si alguien, por muy musulmán, gitano o rumano que sea las contraviene, deberá pagar las consecuencias y no tendrá ninguna justificación que sus normas sociales o morales no estén de acuerdo con las publicadas. Si a mi no me parece bien una norma, tengo mecanismos para intentar cambiarla, pero siempre que previamente la esté cumpliendo. El hecho de no compartirla no me justifica para no cumplirla.

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